De la apertura de una cuenta a su uso: el próximo paso de la inclusión financiera en Colombia

Bogotá, Octubre de 2026. Durante años, medir la inclusión financiera en Colombia significó contar a las personas que todavía no habían entrado al sistema. Hoy esa cuenta casi se terminó. Según el Reporte de Inclusión Financiera 2025 de Banca de las Oportunidades y la Superintendencia Financiera, 96,5% de los adultos colombianos, unos 37,9 millones de personas, tiene al menos un producto de depósito, un nivel cercano a la universalidad. Las billeteras digitales, los depósitos de bajo monto y una red de corresponsales que ya llega a los 1.104 municipios del país cambiaron la puerta de entrada, y vale la pena reconocerlo como lo que es: un logro del sector, del regulador y de quienes se atrevieron a diseñar productos para personas que la banca tradicional no atendía.
 
“Pero tener una cuenta no es lo mismo que tener una relación financiera”, comenta escribe Jorge Iglesias, CEO de Topaz.

En ese mismo reporte, 85,5% de los adultos tiene un producto de depósito activo, once puntos porcentuales menos que quienes simplemente lo tienen. La brecha se viene cerrando, porque el uso pasó de 68,4% en 2020 a 85,5% en 2025, pero sigue siendo la medida más honesta de cuánto del acceso se convirtió en algo que las personas de verdad usan. Esa diferencia nos obliga a cambiar la pregunta. Ya no es cuántas personas faltan por entrar, sino qué necesita alguien para usar su cuenta de manera habitual, ahorrar, pagar y, con el tiempo, acceder a otros servicios que se ajusten a lo que necesita.


Primero, que la cuenta resuelva algo que se repite
Una cuenta se abre una vez y se usa cientos de veces, y esas dos decisiones no responden al mismo incentivo. “Abrirla puede ser cuestión de una campaña o de un subsidio. Usarla depende de que sirva para algo que la persona hace cada semana: recibir sus ingresos, pagarle al tendero, enviar dinero a la familia, cubrir un servicio”, añadió escribe Jorge Iglesias, CEO de Topaz.


Los depósitos de bajo monto fueron el producto que más creció, al pasar de 45,7% de los adultos en 2020 a 76,9% en 2025, y cerca de siete de cada diez transacciones monetarias ya ocurren por internet o aplicaciones móviles. La llegada de los pagos inmediatos, con Bre-B, refuerza esa tendencia. Pero la lección práctica para cualquier institución es que el uso no se decreta: se gana, momento a momento, siendo útil en los lugares donde el dinero de la persona ya se mueve.
 
Después, que ahorrar y pagar no cueste fricción
El directivo analiza: Quien vive de ingresos irregulares, como el trabajador independiente o el dueño de un negocio pequeño, no ahorra con un plan mensual rígido. Ahorra cuando puede, en montos pequeños, y necesita que el sistema se lo ponga fácil: que apartar dos mil pesos para una meta no exija pasos adicionales, que pagar un servicio tome segundos y que el saldo disponible sea claro y confiable. 
Hay señales de que, cuando el producto se ajusta a una persona, esa persona responde. Los CDT, por ejemplo, ganaron participación hasta alcanzar 3,6% de los adultos, con un aumento concentrado en mujeres, personas mayores y ciudades. La pregunta pendiente es qué pasaría si ese mismo cuidado en el diseño se aplicara a los segmentos que todavía no aparecen en esa curva.

Al final, que el historial se convierta en crédito
El crédito es donde la distancia sigue más abierta. Al considerar solo a las entidades financieras vigiladas y a las microfinancieras, 36,1% de los adultos tiene al menos un crédito, apenas un punto más que en 2024 y un nivel similar al de 2019. Si se suman los comercios y las empresas de telecomunicaciones, el indicador sube a 51,6%, lo que muestra que una parte importante del financiamiento llega hoy por fuera de las entidades financieras. La geografía también pesa: en las zonas rurales dispersas la penetración del crédito es de 12%, frente a 45,7% en las ciudades, y mientras Bogotá alcanza 61,6%, Vichada, Vaupés y Chocó no superan el 11,1%.

Esa distancia no se cierra abriendo oficinas donde no es viable sostenerlas. De hecho, en 2025 las oficinas bajaron 2,7% y los cajeros 1,8%, mientras los corresponsales digitales crecieron 28%. Se cierra logrando que el historial que una persona ya genera, sus pagos, su ahorro y el flujo de su dinero, le sirva a una institución para conocerla y ofrecerle un crédito acorde con su situación. La propia Superfinanciera ya publicó orientaciones sobre modelos alternativos de información crediticia, un paso en esa dirección. Pero ese historial solo es útil si los pagos, los depósitos y el crédito conviven sobre la misma plataforma y los mismos datos, y no en sistemas separados que no se hablan entre sí.

“Desde Topaz vemos esta conversación cada vez con más frecuencia en las instituciones con las que trabajamos, desde bancos hasta cooperativas y entidades microfinancieras. El desafío ya no es lanzar un producto aislado, sino construir una relación en la que pagos, ahorro y crédito se alimenten entre sí. Eso exige organizaciones más integradas y ágiles, capaces de usar sus propios datos para entender qué necesita cada persona en cada etapa y de adaptarse con rapidez a ese contexto, sin esperar a que un proyecto de varios trimestres lo permita”, añade escribe Jorge Iglesias, CEO de Topaz.

Lo que se discutió en Quito
Esta fue, de hecho, una de las conversaciones que llevó Topaz al CLAB 2026, el Congreso Latinoamericano de Tecnología e Innovación organizado por Asobanca y Felaban, celebrado el 15 y 16 de octubre en Quito. En el panel “Jornadas Digitales de Alto Impacto: Habilitadores Tecnológicos para la Nueva Era Financiera”, liderado por Flávio Gaspar, Chief Product Officer de Topaz y Marcial del Pozo, Head of Business & Operations Latam de la compañía, y con invitados del sector bancario de la región, se comparó cómo distintos modelos de negocio y niveles de madurez digital están transformando la experiencia financiera, y qué capacidades tecnológicas y organizacionales hacen posible construir journeys más integrados, ágiles y relevantes para el cliente.

Lo que dejó ese intercambio es que el reto colombiano de pasar del acceso al uso es una versión local de una conversación que atraviesa a toda América Latina, donde cada mercado tiene sus propios datos y sus propias brechas, pero donde la pregunta de fondo se parece mucho. Topaz expuso esa perspectiva a CLAB y seguirá llevándola a las conversaciones donde la banca latinoamericana analiza su futuro.

Pensemos en una persona que atiende una tienda de barrio y abrió una cuenta de bajo monto desde el celular. Si dentro de un año esa cuenta le sirve para cobrar, para ahorrar para el inventario y para pedir un microcrédito que se evalúa mirando su propio historial, el acceso habrá cumplido su promesa. “Si sigue siendo una cuenta con un saldo pequeño que se visita de vez en cuando, habremos contado a una persona más y cambiado poco en su vida. Casi todos los adultos colombianos ya tienen una cuenta bancaria. La pregunta que hoy importa es qué necesita una persona para usarla cada semana, ahorrar con ella y, con el tiempo, llegar a un crédito que de verdad le sirva”, concluyó Jorge Iglesias, CEO de Topaz. Esa es la diferencia que Colombia tiene hoy por delante.

Sobre Topaz
Con más de tres décadas de experiencia, Topaz es una de las mayores empresas de tecnología especializada en soluciones financieras digitales, destacándose como líder en el mercado brasileño y latinoamericano. Como parte del grupo Stefanini, opera en más de 25 países y cuenta con más de 300 clientes de distintos tamaños y segmentos.
 
Topaz desarrolló Topaz One, la primera plataforma full banking del mundo, que ofrece un ecosistema completo de soluciones integradas, seguras y de alta disponibilidad, como core bancario completo y core para microfinancieras, prevención y combate al fraude, canales físicos y digitales, AML/FTP y compliance, pagos instantáneos, soluciones regulatorias, inversiones y customer engagement para bancos e instituciones financieras en general, impactando a más de 550 millones de clientes finales todos los días.
 
Topaz se posiciona como referente en tecnología para negocios digitales y es reconocida por Gartner®, Forrester® y Celent®.

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